Sanando las Heridas del Alma

Por: Mtra. Mtra. Alejandrina Citlali Gómez Segovia


¿Cuántas veces nos ha pasado que sentimos un nudo en la garganta y que las lágrimas corren por el rostro sin poderlas contener, nuestro corazón se nos apachurra y un vacío en el estómago se nos hace más grande?

Puede ser por muchas razones, quizá por la pérdida de un ser querido ya sea papá o mamá, los hijos, la pareja o hasta el novio, o quizás nos abruman los problemas cotidianos en el hogar, en el trabajo, con los amigos ¿te has preguntado por qué?

Pues son las heridas del alma que nos lastiman, nos hieren desde nuestra infancia y que no se han trabajado durante la edad adulta, arrastrando dolor que no reconozco, pero se convierte en círculos, patrones repetitivos de generación en generación, y muchas veces utilizamos como mecanismos de defensa la negación, sublimación y proyección.

Es decir, esa herida del alma, del pasado que está afectando tu vida, tu presente y tu futuro, tu relación con los demás.


Sé que es difícil darte cuenta que las personas que te dieron la vida no te ofrecieron la seguridad, amor, confianza que necesitabas y duele más que no tuviste una infancia normal. ¿Por qué?, quizás desde tu concepción fuiste un hijo no planeado, no deseado, un hijo abandonado que creció solo, muchas veces jugando roles que no le correspondían como se padre o madre de sus hermanos, o ser el esposo o la esposa en el que recargaban sus problemas de adulto, y los niños se convierten en contenedores de los padres, y entonces el vacío no se llena con nada, ni con ropa, ni con comida, ni con reconocimiento, porque está ahí, en lo más profundo de su ser.

En muchas ocasiones ese adulto que no ha resuelto sus heridas del alma, de grande se la pasa buscando la aprobación, el reconocimiento, la aceptación, el complacer al otro, y otros el, querer mantener el control de todo.


Recuerda que el problema no es tu enemigo; si no verlo como tu amigo, como oportunidades de crecer, fortalecerse y transformarse.

¿Entonces qué es lo que pasa?, que esas heridas no han sido sanadas y se nos olvida que el último fin del hombre es ser feliz esa es nuestra misión; entonces Mientras no las reconozcas como algo propio.

¿Sabes que tu elegiste a tus padres?, ¿por qué?, la respuesta es para trabajar contigo mismo, es decir, una batalla interna, al elegirlos estas madurando, creando para transformar.

Deja de quejarte, porque al final del día te conviertes en lo que menos deseas, utilizando mascaras de acuerdo con la herida del alma no sanada.

1. Herida de rechazo, se convierte en la máscara de huida, como fue rechazado en su infancia, él se va a auto rechazar, no se acepta y duda de su existencia, huye antes de enfrentar las cosas; peor miedo de pánico.

2. Herida del abandono, mascara de acción, si creció con abandono usted se va a auto abandonar y a su vez abandonara a su familia, pide la aprobación de los demás; peor miedo, la soledad.

3. Herida de humillación, mascara masoquismo, en ocasiones los padres los evidenciaron o maltrataron frente a sus amigos o compañeritos, familiares <<mutilando socialmente>> crecen pensando que no merecen nada, se avergüenzan de sí mismos; peor miedo libertad.

4. Herida de traición, mascara de controlador; en su infancia fue traicionado por sus padres, ejemplo: papá o mamá, mi tío abusó sexualmente de mí, no le creen, defienden al tío y lo evidencian frente a toda la familia, cuando te comparan con otro, deberías ser mejor que tu hermano y de adultos se convierte en intransigente, interrumpe a la persona antes de que la otra parte, no confía en los demás; peor miedo, disociación, separación, negación.

5. Herida de injusticia, mascara de rigidez, es normalmente de adulto cuadrado, carece de flexibilidad, es o tiende a ser perfeccionista, envidioso, egoísta, se justifica mucho, le resulta imposible pedir ayuda o exige demasiado, es frio y le cuesta demostrar su afecto; peor miedo frialdad.


Y en este artículo es para inspirarte a superar estas heridas, comienza por abrazar el problema, la situación, emoción, no la niegues al contrario intégrala a ti, acéptala, reconoce tu emoción y sentimiento como parte de ti, porque tu estas dentro de ti, y solo tú puedes trabajarlo, recordando que solo tú y únicamente tu eres el responsable de tu vida, de tu felicidad y autorrealización.


No puedes seguir victimizando ni culpando a todos de tus decisiones, asume lo que si te toca y ponte a trabajar.

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