Las Emociones de los Niños ante el COVID-19

Actualizado: 3 de sep de 2020

Por: Claudia Marín


Muchos son los niños que esperaban ansiosos las vacaciones de verano ya sea para pasar tiempo con los abuelos, convivir con los primos, tener algún viaje o integrarse a las diferentes actividades que en este periodo se ofrecían…Esta vez nada es como antes, los amigos, los maestros, la familia se han quedado en casa desde hace meses ante un hecho del que mucho escuchan pero poco comprenden, en el que además del aislamiento tienen que lidiar con las presiones de sus padres que viven su propia batalla para solventar lo que la familia necesita para vivir en el día a día.

¿Cómo viven nuestros niños ante el COVID-19? Es preciso voltear a verlos, buscar estrategias que favorezcan el desarrollo de emociones positivas, fortalecer su autoestima aún bajo estas circunstancias en las que el cariño, las palabras amables y la bondad resultan tan necesarias para todos. Claro que no es una tarea fácil si consideramos que estamos aprendiendo a sobrellevar nuestros propios miedos, la incertidumbre y situación de conflicto, pero si no hacemos la pausa para atender la inteligencia emocional propia y desarrollar la de nuestros hijos, las capacidades intelectuales, afectivas y físicas se verán duramente afectadas.


Y ante todo esto ¿qué es la inteligencia emocional?

Para Shapiro (1997), el término inteligencia emocional se identifica con las cualidades emocionales necesarias para el logro del éxito, entre las cuales se pueden incluir: la empatia, la expresión y la comprensión de los sentimientos, el control del genio, la independencia, la capacidad de adaptación, la simpatía, la capacidad de resolver los problemas en forma interpersonal, la persistencia, la cordialidad, la amabilidad y el respeto. Es decir, la inteligencia emocional integra la manera en que damos estructura a las ideas y pensamientos y cómo actuamos dependiendo de nuestro estado de ánimo en la toma de decisiones y formas de relacionarnos.

Regular nuestras emociones y entenderlas mejorará la asertividad en nuestro decir y actuar, si aprendemos a domar los impulsos y controlar las emociones negativas de manera consciente seremos capaces de generar ambientes de confianza en los niños, que son tan importantes en su proceso de aprendizaje y normas de convivencia.

El proceso en el que los niños aprenden a identificar sus emociones se va dando de forma gradual y a medida en que también las experimentan y se les da la oportunidad de escuchar y ponerle nombre a su sentir, se racionaliza el pensamiento y las emociones, que bien gestionados será de gran valía para su calidad de vida presente y futura.

Otros conceptos en los que nos debemos enfocar para el desarrollo de la inteligencia emocional están vinculados a la empatía, entendida como la capacidad de percibir, compartir o inferir en los sentimientos de los demás, reconociendo al otro como similar, lo que genera a su vez una autoestima sana, es decir, trabajar en el reconocimiento y aceptación de nuestras cualidades y aceptar nuestros defectos, sentir seguridad y poseer confianza personal y en los demás.

La forma en la que aprendemos mucho se basa en la conectividad entre razón y emoción, si somos capaces de estimular de manera positiva los medios para su aprendizaje, favoreceremos a su desarrollo neuronal y su interconexión de acuerdo a la edad en la que se encuentra el individuo, teniendo en cuenta que cada niño aprende a su propio ritmo y áreas de interés. No debemos dejar pasar, que como en todo proceso, habrá experiencias que no resulten del todo favorables; aprender a resignificar la frustración, el miedo o temor ante alguna circunstancia fortalecerá su confianza y empatía ante la adversidad.


¿Qué podemos ganar ante este tiempo de percance?

 Fortalecer los vínculos afectivos desde la confianza y empatía.

 Redescubrir nuestros gustos e identificar los de nuestros niños, revelando nuestra afinidad y aprender de las diferencias

 Resaltar, valorar y agradecer por lo que tenemos.

 Distinguir el dolor y enseñar el valor de la solidaridad con los más desfavorecidos.

 Valorar y practicar el lenguaje del amor como medio de fuerza y motivación.


Esta reflexión no pretende infligir ni debilitar el ánimo, pero sí provocar y cuestionar nuestro actuar presente, y que pese a nuestra imperfecta naturaleza humana y las contrariedades de hoy o de ayer, retomemos nuestro ánimo y aspiración para intentar cuantas veces sean necesarias, reeducar-nos desde la voz del corazón… el tuyo ¿qué dice?


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