Desgaste Emocional en el Personal Docente

Al finalizar el ciclo escolar, Bertha se sintió muy cansada, además de tener dificultad para dormir, pocas ganas de hacer cosas en su casa y desánimo en las conversaciones que tiene con su familia. Pensó que al terminar las clases, la preparación y revisión de tareas y exámenes, podría descansar, pero no fue así, sino más bien, vio estos síntomas agudizados. Por ello, Bertha acudió al doctor, el cual le diagnosticó Síndrome de Desgaste Profesional por Empatía.

Dentro del campo de la salud mental, se identifican diversos síntomas físicos y psicológicos que muestran un desgaste emocional. Se ubican dos principales:

Síndrome de Bournout. Es un conjunto de síntomas emocionales, somáticos, cognitivos, conductuales, relacionales y laborales, que surgen luego de que una persona ha estado expuesto a una carga excesiva o presión laboral que genera un estrés agudo o crónico.

Síndrome de Desgaste Profesional por Empatía. Es un desgaste que se presenta en profesionales de ayuda, es decir: en personal de salud, trabajadores sociales, abogados, conciliadores y en casos especiales, en docentes. La experiencia traumática de los usuarios, pacientes y/o alumnos, combinados con la empatía que se genera entre ambos, puede llevar a provocar síntomas de Bournout, afectando en áreas importante del desarrollo como se muestra a continuación.


La experiencia traumática para el personal docente puede verse reflejada en distintas situaciones, por ejemplo la frustración que surge con niños a los que les cuesta trabajo aprender o que tienen una enfermedad del desarrollo o discapacidad; la impotencia de ver llegar a niños enfermos que no han sido atendidos, a los desnutridos, violentados y explotados laboralmente; y otro más, aquellos niños que llegan contando los problemas económicos, de adicciones o delincuencia que vivencian en su familia.

Y como si no se tuviera suficiente evidencia de una posible experiencia traumática, llega la modernidad llamada COVID-19 y con ella, las clases en línea (para docentes y alumnos) y toda una serie de imposibilidades relacionadas con este tema:


1. Falta de acceso a internet en el hogar, escasos equipos o dispositivos para conectarse todos los miembros de la familia a la escuela o al trabajo y la falta de espacios específicos para el estudio y el trabajo.

2. La falta de acompañamiento de padres y/o tutores en casa, para dar seguimiento a clases, tareas y actividades escolares.

3. Los múltiples distractores, en los mismos dispositivos, en la familia y en el entorno.

Y con todo esto, el docente tuvo que salir avante para continuar con su labor profesional. Porque, un BUEN docente, DEBE brindar lo necesario para que sus alumnos aprendan, también, debe de ser empático y sensibilizarse con la familia de éstos.

Escribo en mayúsculas las palabras BUEN y DEBE, porque ambas palabras, actúan como un mandato en los profesionales de ayuda, que más tarde, terminan convirtiéndose en un constructo social y un constructo personal, distintivo del docente, como si no fuera ya suficiente, la encomienda que la misma profesión exige, como pasa con los médicos, quienes al titularse, hacen el juramento Hipocrático, en el que se comprometen a salvaguardar la vida de las personas entre otros compromisos.

La carga de ser un BUEN docente, es decir, dar de más de lo que la profesión exige y de lo que el entorno permite, va generando una serie de carga y de estresantes que termina en un cuadro complejo de salud, que de no diagnosticarse y atenderse adecuadamente, generará un daño mayor en la salud, en las relaciones laborales, familiares, sociales, y en la economía.

Y con esto no quiero decir que a partir de ahora, deban volverse parcos en la relación con sus alumnos y dejen de comprometerse con la docencia y dar más por ellos, sino que a partir de leer este artículo, sean capaces de hacer una autodiagnóstico emocional, y reconocer lo que necesitan para no caer en el desgaste por empatía emocional. Un autodiagnóstico completo, integra la identificación y reconocimiento de distintos factores como: la edad, el ciclo de vida familiar, la fase de la vida laboral, las jornadas y la carga laboral actual, el estado físico y mental, la personalidad, la economía y proyectos concluidos y/o pendientes.


¿Qué hacer para prevenirlo?

1. Crear una rutina. No se trata de establecer actividades u horarios que generen estrés, pero sí, de aquellas que permitan aumentar su autoestima, el sentido del humor, las relaciones interpersonales.

2. Adoptar hábitos saludables que mejoren la salud física y mental, como hacer ejercicio, yoga, meditación, orar, cantar, recitar, cocinar, etc.

3. LEER. Literatura, poesía, a pensadores del siglo XX, a educadores, etc.

4. Recréate. Ríe, juega, baila, has chistes, nada, etc.

5. Tomar descansos a lo largo del día. 15 minutos por cada hora trabajada.


¿Qué hacer si padeces de este síndrome?

1. Hablarlo. Decirle a las personas en las que más confíe, cómo es que se está sintiendo.

2. Ir al médico, el cual pueda brindar un mayor conocimiento, así como recomendar estrategias o algunos medicamentos que ayuden a minimizar la fatiga, aumentar el sueño y estado del ánimo, principalmente.

3. Asistir a actividades físicas, deportivas, culturales, religiosas, de ocio, especialmente grupales.

4. Incentivar el cuidado personal. Bañarse con agua caliente, arreglarse como si fuera a salir o ir a una fiesta, hablarse bonito frente al espejo, dejar mensajes escritos con frases positivas por toda la casa, etc., mejorar la alimentación, incluir semillas y alimentos verde alto en hierro, hacer yoga, relajación, orar.

5. Hacer ejercicios de respiración, que permitan conectarte contigo mismo y a controlar tu emoción y pensamiento.

6. Hacer actividades que generen bienestar: tomar un té o café en horas que no sean de costumbre, cocinar postres, arreglar jardines, tejer, coser, bordar, pintar, etc.

7. Reconectarse con el pasado, como con familia, amistades, compañeros de trabajo, etc.

8. Asistir a psicoterapia, individual, grupal o familiar, con profesionales certificados y con cédula profesional.


Si tú al igual que Bertha, sientes cansancio, desánimo, tristeza, enojo, o algún sentimiento ajeno a tu forma de ser, no dudes en visitar a un profesional de la salud, unirte a grupos de autoayuda, conectarte con la naturaleza, o hablar con un familiar o amistad, que te ayude a entender lo que te está pasando.

Tú labor es vital porque forja el futuro de nuestra nación, a través de los aprendizaje y vivencias que compartes a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. El Síndrome de Desgaste por Empatía, es real y debe ser atendido. Tu salud física y psicológica es lo más importante.

8 vistas0 comentarios