Comprensión Lectora y su Relación con Lecto-Escritura en 1ro de Primaria

Sobre la comprensión lectora y su relación o distanciamiento con el proceso de la enseñanza de la lectura y escritura en 1° de primaria

“…que los niños lean para alimentar y estimular la imaginación, no para aprender dominios ni asumir poderes. Si el acto de leer desarrolla muchas habilidades ésta es una ganancia extra, pero no hay nada peor que imponer la lectura para exigir habilidades.” (Argüelles J.D, 2003)

Como docentes del nivel de primaria, una de las tareas que requiere de mayor demanda y compromiso es la de enseñar a leer y escribir, 650 docentes de 1° de primaria que en el ciclo 2018-2019 a quienes se les impartió un taller con algunas herramientas que les permitiera profundizar en la lectura en voz alta, como un vínculo para favorecer el proceso, nos permitió encontrar el siguiente hallazgo, sucede que al inicio de la sesión se les hizo la siguiente pregunta; ¿levanten la mano por favor quiénes de ustedes, deseaban con todo su corazón, dar clase en 1° de primaria?, la respuesta de sólo 20 docentes al levantar su mano con firmeza, nos puso el dedo en la llaga sobre algo que como maestros de sabemos, lo complejo de atender un grupo de primero de primaria.

El primer grado requiere mucha energía, organización en los espacios del aula, una vasta biblioteca con diversidad de libros y aunado a esto, las implicaciones que se añaden a la edad de los niños que oscila entre los 6 y 7 años, ya que empiezan a demostrar la independencia de la familia, al trabajo en equipo y el desarrollo de las habilidades del pensamiento; un ejemplo sería que describen sus experiencias, ideas y sentimientos, lo cual hace que las interacciones en el aula se vuelvan complejas y con tendencia a la demanda de constante atención para cada alumno, pudiera pensarse que el proceso es el mismo, con la misma meta para este grado, la consolidación de la lectura y escritura. Pero si tomamos en cuenta que en un grupo de niños existe una diversidad por cada alumno; los contextos familiares, la circunstancias en su crecimiento, la interacción cotidiana, la organización en el grupo, la didáctica del docente, el cumplimiento del currículo oficial, los cambios en el plan y los programas de estudio, las diferencias de opinión sobre a quién rendir cuentas sobre el avance de los niños en este grado, las diferentes opiniones de los padres de familia, entre otras razones, podemos entender el porqué de la respuesta de este grupo de docentes y que en diálogo con algunos de ellos sobre su respuesta para impartir clases a los alumnos en este grado, hicieron referencia al hecho de tener que enseñar sobre el proceso de la lectura y escritura, sobre lo complicado que era la tarea y el compromiso de dar resultados en determinado tiempo, mencionando que más o menos de agosto a diciembre era el lapso que se les daba a los docentes para que los alumnos empezarán a leer y escribir, cuando se les preguntó sobre la forma en cómo se recuperaba la información y que mostrara evidencias sobre este proceso les solicitaban, mayoritariamente nos comentaron que era a través del dictado de algunas palabras o enunciados sencillos, enfrentar a los alumnos a leer textos cortos y que tuvieran relación con la letra, monosílabos o palabras a las que se hubiera dado un tiempo en el salón de clases en los meses anteriores.

Pero, ¿qué es saber leer?, no sólo es repetir lo que el texto dice, sino comprender lo que ahí se escribe y poder utilizarlo para argumentar, ampliar información, reconocer mis ideas en palabras de otros, es decir, formarnos un pensamiento crítico y creativo para así mismo, iniciar con el planteamiento de ideas propias para poner a disposición de otros, lo cual nos lleva también a la noción de escribir, entendida como elaborar un significado global y preciso para una audiencia utilizando el código escrito (Fons, M. 1999, p. 22). ¿Cómo llevar estás concepciones de leer y escribir al aula?, ¿qué pasa al momento de tratar de enseñar a otros el proceso y cómo intervenir para que sigan avanzando?

Por lo anterior podemos entender la complejidad en el asunto de la didáctica de éste proceso, que además provoca que existan múltiples formas para su enseñanza. Pero descifrar el código no es lo mismo que comprender lo que se lee, hago esta diferencia ya que muchas veces asumimos que en cuanto los alumnos descifran algunos textos, damos por hecho que los alumnos empiezan a comprender su significado, Mirta Luisa Castedo (2009), en su ensayo “Saber leer o leer para saber”, afirma lo siguiente:

“Si se sabe leer, pues se lee y se entiende lo que se lee (o, su inversa, si no se entiende lo que se lee es porque no se sabe leer); la presunción que subyace e está afirmación es que la capacidad de leer constituye algo así como una llave que abre las puertas de cualquier texto en cualquier circunstancia. Esa “capacidad” se adquiriría en el inicio de la escolaridad y, una vez adquirida, estaría disponible para toda situación de lectura, con independencia de la complejidad del texto, de los propósitos de la lectura, de los conocimientos previos del lector, etcétera. Obviamente, no compartimos esta creencia; para refutarla sólo hace falta pensar en nuestras propias competencias como lectores adultos y asiduos, que muchas veces resultan insuficientes a la hora de tomar un manual de informática o un artículo periodístico sobre economía internacional.” (p.85- 86)

Enunciar los aspectos que hacen referencia al entendimiento de un texto, nos remite de alguna u otra manera al trayecto académico que hemos tenido, pensar en lo fácil que sería que de manera simultánea al descifrar el código, también lo pudiéramos entender, sería lo ideal. Pero el formarnos como lectores y escritores implica además, reconocer que los libros debieran formar parte importante no sólo de la escuela, sino también el hogar como un vínculo que ayude a través de las historias de otros, a formar nuestra propia historia, de intereses en común y de podernos apoyar de las diferentes lecturas, no sólo de los libros, además de la vida misma. Este compartir textos y animar a que otros lean implica la mediación en el aula, donde el docente de primero de primaria, no sólo se preocupe por quienes se asomarán a su aula y determinarán si lo que está haciendo, está bien y además, si lo hizo en un tiempo preciso.

Este primer encuentro con el tema, para determinar lo necesario y avanzar en la profundidad sobre la didáctica de la comprensión lectora desde la actividad con los grupos de primer grado de educación primaria, tiene que ver en mayor medida, con las nociones que tenemos en torno a la promoción de la lectura y escritura, pero además que el desarrollo de este proceso en toda la primaria vaya acompañado de las siguientes consideraciones:

1. Todos los alumnos aprenden diferente

2. Que el docente de primero reconozca sus nociones en torno a leer y escribir

3. La biblioteca de aula es el motor principal de los proyectos

4. Sobre las prácticas que son cotidianas en el aula

5. Entender las implicaciones de pedir a otro que lea y escriba

Una de las áreas que más interesa en las evaluaciones internas, que se aplicó para el 6° grado de educación primaria antes de que concluyera el ciclo escolar 2018-2019 y que dentro de los descriptores de logro tienen en lenguaje y comunicación, pone a la comprensión lectora dividida en tres unidades de evaluación: el primero, la extracción e información y comprensión, el segundo el desarrollo de la interpretación y el tercero, análisis de la estructura textual, donde cada una de estas unidades describe las habilidades con las que un alumno debe llegar al sexto grado de educación básica, pero ¿qué pasa a lo largo de los seis grados de la primaria?, ¿existen proyectos transversales en las escuela, donde las actividades cobren sentido y se promueva para que los alumnos se formen como lectores y escritores?.

Transformar la práctica didáctica con intenciones de formar lectores y escritores desde los inicios de la primaria requiere cuestionar desde diferentes miradas lo que los alumnos nos comparten con sus dudas y con el desarrollo de su proceso, entender que como docentes también aprendemos de los alumnos y sus dificultades son nuestra mayor riqueza para replantear nuestra intervención didáctica y no sólo lo que los planes de estudio marcan como el ideal a seguir.

¿Dónde dice o por qué se piensa, que existe un tiempo determinado para que este proceso se termine en primero o segundo grado?, ¿qué implica para el docente reconocer que enseñar a leer y escribir, no es una tarea sencilla?, ¿cuáles apoyos, en lo conceptual, necesitan los docentes de primero para abordar la didáctica? y ¿cómo reconocer los métodos y sobre todo, el más adecuado para su grupo y para cada alumno?

Plantearnos estas y otras dudas, necesita de tiempo para revisar y observar la trayectoria de nuestros alumnos y sobre todo identificar su entusiasmo o aversión a proponer ideas propias para discutirlas, comprender la realidad implica leer el mundo.

¿Qué acciones en el aula favorecen al mismo tiempo la comprensión de la lectura e incentivan a que se escriba para compartir con otros?

Referencias bibliográficas

Argüelles, J.D. (2003). ¿Qué leen los que no leen? México.

Castedo, M.L., Siro, A. y Molinari. M.C. (2009). Enseñar y aprender a leer. Buenos Aires.

Ferreiro, E. y Gómez, M. (1982). Nuevas perspectivas sobre los procesos de lectura y escritura. México.

Fons, M. (1999). Leer y escribir para vivir. México.

Galaburri, M.L. (2000). La enseñanza del lenguaje escrito. Buenos Aires.

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