Adolescencia y Educación, ¿un gran reto?

Por: Mtra. Laura Jessica Olivares Guerrero



La educación implica grandes retos para grandes logros, pero, cuando hablamos de la adolescencia la relacionamos con: rebeldía, descontrol, desinterés, apatía, inestabilidad, irresponsabilidad, vulnerabilidad…sí, muchas de las opiniones con respecto a la educación secundaria son negativas y con ese panorama podemos estar frente a un ciclo de la vida realmente trascendente.


Esta etapa de transición de la niñez a la juventud, que trae consigo repercusiones emocionales y psicológicas, debe ser igual de importantes para la familia y la escuela y no sólo para el adolescente, sin embargo, se tiende a culpabilizar al estudiante de su comportamiento y actitud, sin conocer que hay detrás realmente del problema.

Podemos entender que no todos los jóvenes pasan este trayecto de la misma manera y al mismo ritmo, y en el aula debemos lograr establecer ese vínculo con los estudiantes. No se trata de ser el profesor o la profesora “buena onda”, si no que busquemos esos intereses de cosas tan sencillas y así podemos encontrar afinidades con ellos y lograr objetivos concretos dentro del salón de clases y obtener mejores resultados académicos.

Sabemos que existen factores que nos ayudan o que nos dificultan esta tarea, sin embargo, una de las mejores herramientas para obtener buenos resultados en nuestros estudiantes, tanto académicos como de conducta, es la comunicación y eso implica involucrar a los padres de familia. Esto en algunos casos funciona, vemos padres comprometidos en la educación de sus hijos y cómo los valores adquiridos en casa se ven reflejados.


Principalmente, quienes se dedican a trabajar con estudiantes, se pueden identificar con estos casos exitosos, y usando estas preguntas detonadoras: ¿La educación en adolescentes es un reto? ¿Por qué verlo de esta manera? ¿Por qué la angustia de trabajar con jóvenes de entre 11 y 15 años?, podemos entender que la adolescencia tiene características psicológicas que repercuten en su desempeño, como:

· Inseguridad por el aspecto físico: Ocurren grandes cambios y se visibilizan

· Lucha por su independencia: Al ya no sentirse niño o niña y tampoco adulto, quiere hacer cosas que cualquier joven haría.

· Es inestable emocionalmente: Sus actitudes cambian conforme a su estado de ánimo y eso tiende a confundirlos.


A todo esto le podemos sumar que se derivan patologías como la ansiedad, depresión, bulimia, anorexia, etc. Y de no prestar atención en estos focos rojos, estaríamos repercutiendo de manera negativa en la educación. Ojo, no es obligación solo del docente solucionar los problemas de los estudiantes, ni educar con los valores básicos y esenciales para la sana convivencia y armonía. Y esto se tiende a confundir demasiado. La responsabilidad está en estrecha relación y en una armónica comunicación entre docente-padres de familia- alumno. Si uno falla, no se logra el objetivo.

Orientar a los jóvenes en la búsqueda de su objetivo de vida y transmitirles esa responsabilidad de crecimiento personal y profesional, es importante, es por eso que los docentes no sólo transmitimos conocimientos si no que día a día “inyectamos” parte de nuestra esencia como personas en cada uno de los jóvenes.

Podemos ser parte de la vida de un estudiante que se siente incomprendido, que no es escuchado, que tiene ideas diferentes, que es inseguro y darle un pequeño “empujoncito” para que abra los ojos a todo el trayecto que le queda por recorrer y que valore su esfuerzo y dedicación, que piense no sólo en los conocimientos que serán básicos en su educación, si no que el enfoque sea hacia ser mejor persona. Educar desde la empatía y el respeto hacia la diversidad. Trascender la idea de la educación y transformar para inspirar.


Así que sí, en conclusión la educación secundaria es un reto, pero a grandes retos grandes logros.


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