Adolescencia y Educación: Identidad

Por: Mtra. Laura Jessica Olivares Guerrero

En la adolescencia comienzan a tener conciencia y conocimiento de uno mismo, exploran más en sus intereses, sus gustos, sus habilidades, sus aptitudes, sus valores, su camino vocacional y sus sentimientos, que desde sus experiencias contribuyen a tener una dirección hacia su propia identidad, y es desde la infancia donde los van formando y transformando. La educación formal – y la no formal- integran ese eslabón esencial en sus vidas.


Esta construcción de identidad es crucial y hace que las relaciones sociales se vuelvan aún más ya que tienden a preocuparse por su aspecto corporal, su imagen ante los demás, por tener amigos, por ser independientes y así comienza la toma de decisiones para su vida.

Existen factores culturales, sociales, del entorno y de convivencia que intervienen en esta construcción de la identidad en la adolescencia, todo lo que a lo largo de su vida van adquiriendo, aprendiendo y viviendo… conforma su identidad. Ser parte de una sociedad, conlleva a que sus valores, la familia y la cultura en general influyan.


La identidad la reforzamos cuando los hacemos sentir parte de una sociedad y brindamos esa confianza y seguridad de poder crear esa independencia con responsabilidad. Como docentes jugamos un papel sustancial en la búsqueda y consolidación de la identidad de los estudiantes.

Hacer valer sus logros, incentivarlos a averiguar sus habilidades, enfatizar en lo que les gusta, sus habilidades y con quienes de sus compañeros comparten ciertas características; podemos lograr que las relaciones sociales en cada uno se den de manera asertiva. Recordemos que a esa edad buscan la aceptación de otros y a veces sus comportamientos no son los más adecuados; Hay una delgada línea entre lo que hacen por convicción propia y lo que hacen por aceptación de un círculo social.

La adolescencia es especialmente importante en el desarrollo de cada individuo, No sólo nos encontramos con una etapa formativa en varios ámbitos, si no que se es más susceptible a caer en conductas de riesgo, su comportamiento influye en la identidad que están buscando. Es por eso que, haciendo mención de mi artículo anterior (https://www.inspirapersonas.org/post/adolescencia-y-educación-autoestima), se necesita trabajar con conceptos de autoestima, autoconocimiento y aceptación, para poder identificar estas conductas de riesgo y así poder evitarlas.


Como profesionales de la educación nos damos cuenta de cambios tan bruscos en su conducta, pero también como padres se debe actuar, ya que son la primera figura de autoridad. Seamos empáticos, escuchemos, dejémoslos expresarse y mostrar lo que les gusta.

Este concepto está ligado a la autoestima y aceptación propia, pero sin una guía adecuada, las y los jóvenes tienden a confundirse.

Volviendo a la idea anterior de este artículo, como docentes, familia y sociedad, necesitamos tener empatía y una mejor comunicación hacia nuestros jóvenes, para que esos mismos comportamientos negativos no los canalicen hacia un concepto erróneo de la identidad. Ya que, haciendo énfasis, los adolescentes tienen esa necesidad de reconocimiento y aceptación de otros.


En palabras del psicoanalista Erik Erikson, la identidad se desarrolla en esta etapa, donde el adolescente tiene cambios significativos, especialmente en el proceso e identificación del ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Qué soy?; se encuentran atrapados en la autoidentificación.

Están viviendo tantos cambios a la vez, entre psicológicos, biológicos y sociales que no pueden canalizar por sí mismos el YO SOY…Y si les hacemos esta pregunta, obtendremos vagamente algunas respuestas.

El autoconcepto es fundamental para entender la identidad propia, ya que se forma desde los primeros años de vida y que por influencia de la familia, maestros, amigos y compañeros de escuela desarrollan en baja o alta medida.

Hablamos de un bajo autoconcepto, cuando en términos generales, los niños tienden a tener bajo desempeño académico y su aprendizaje y socialización se ven afectados. Entre mayor sea el autoconcepto y la participación de terceros en la vida de un niño, mayor será el resultado en un adolescente.


La identidad entonces, puede ser un sentimiento, ya que encontrar respuestas cuando lo único que tienes es un ciclo eterno de preguntas, a una edad donde comienzas a sentir mayores responsabilidades no solo en tu día a día, si no para tu futuro y todo esto mientras te adaptas a algo que aún no terminas de entender, suena tan desafiante entre tantas contradicciones propias.

Dentro de este proceso, las y los adolescentes pueden experimentar cambios en su imagen corporal, en sus intereses, pasatiempos, en la definición de su orientación sexual y su identidad de género. Y, no cabe duda que estas nuevas generaciones gozarán de mayor libertad, tolerancia y respeto hacia estas elecciones propias.

Este aprendizaje, no sólo se logra a través de los buenos valores, sino que también depende de ciertos espacios donde puedan poner a prueba nuevos conocimientos o habilidades. Que logren sentir el entorno a donde pertenecen y puedan explorar sus capacidades. La sensibilidad y empatía por sus propios procesos, puede ser autoreforzadora de seres humanos con grandes transformaciones.


Seamos partícipes de su autonomía e independencia para que superen esa crisis de manera óptima; logrando que su paso por la adolescencia sea una experiencia favorable en cada uno de nuestros jóvenes.


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