Adolescencia y Educación: Autoestima

Por: Mtra. Laura Jessica Olivares Guerrero



La autoestima en cierta medida, que corresponde a la valoración tanto positiva o negativa que se tiene de uno mismo, se topa con las dudas y la incertidumbre al tocar este tema en clase; el comportamiento y el desempeño académico de nuestros alumnos nos dicen de manera muy superficial lo que queremos saber.


Esta palabra que en su definición de la RAE, es la valoración generalmente positiva de sí mismo. Cobra sentido durante esta etapa de la adolescencia, identificamos, dentro de los grandes cambios, la predisposición que tienen a no sentirse seguros o lo suficientemente capaces para realizar ciertos proyectos escolares, esto desencadena la falta de motivación, entrega, responsabilidad y compromiso.

Hasta los contenidos de la SEP lo abordan en temas relacionados con “valorarse a uno mismo”. Pero parece tan sencillo… y es que quizás como profesional de la docencia, sabemos identificar diferentes acciones y actitudes en nuestros alumnos para poder decir que “necesita trabajar en su autoestima”.


Como docentes, nos encontramos con la reinvención cotidiana de nuestra labor y para lograr que esta valoración sea positiva tenemos que direccionar hacia este proceso interno. Si hablamos de una pedagogía humanista, donde el objetivo es la formación de estudiantes activos en la transformación de la sociedad, nos encontramos el enfoque hacia no solo lo que aprenden en un aula, si no lo que pueden aprender para la vida.

De manera que de ahí radique el tema de la importancia de la autoestima en la adolescencia. Juzgamos esas carencias y necesidades y las confundimos con apatía o desinterés.

Por esta razón, el problema no radica en lo que se puede realizar en un aula y trabajarlo no con una, sino varias personalidades, mentes y realidades diferentes que tenemos en todos y cada uno de nuestros alumnos.

Es decir, no se puede trabajar con una sola realidad y si el objetivo es lograr la confianza, reconocimiento de su capacidad, seguridad y expresión de cada uno de los adolescentes, se requiere de un trabajo constante para lograr el objetivo principal. Podemos identificar los principales rasgos de una autoestima baja para lograr esa valoración positiva que tienen de sí mismos: si muestran dificultad para tomar decisiones, tienen miedo a los cambios, no se integran fácilmente a los trabajos en conjunto a sus compañeros, sienten que no pueden lograr lo que se les indica, su estado de ánimo se muestra constantemente ansioso, necesitan la aprobación del docente para sus actividades, tienen bajo rendimiento académico, son asociales o no suelen interactuar con sus pares.


La valoración negativa está ligada a todas estas características y nos imposibilita en la práctica pedagógica, donde se demuestra la percepción de sí mismos y que forman parte de la identidad de cada escolar.

Por tal razón, la autoestima es muy importante ya que es parte esencial para lograr un desarrollo pleno y el autoconocimiento. También es indispensable para así lograr una toma de decisiones en nuestra vida diaria, es un logro individual que en diferentes ámbitos nos da satisfacción.

Sin embargo, en el salón de clases, podemos ir transformando esas realidades diversas para darle un sentido de pertenencia, seguridad y confianza a cada estudiante.

Necesitamos formar individuos con autoconcepto y que a su vez, este los lleve al autoconocimiento, sin limitaciones personales, que valoren la importancia de sentir, pensar y actuar.


Sentir para poder expresar; pensar para poder comunicar y actuar para poder transformar su realidad.

Así pues, valoremos estas realidades a las que nos enfrentamos como profesores, dejemos expresar a nuestros estudiantes, que comuniquen sus ideas y pensamientos, que expresen su creatividad de diversas formas, que con confianza transmitan como se sienten y lleguen a tener esa seguridad, espontaneidad, creatividad y confianza.

Que reiterando, la labor docente es la que se encarga día a día, de lograr que se cumpla con esta cadena de logros personales. Sin ellos, no sería posible que cada alumno pudiese encontrar esa realización individual.


De aquí que lo más importante para lograr una autoestima positiva sea la comprensión y empatía. Seamos críticos en nuestro pensar y actuar en nuestra cátedra. La mentalidad positiva funciona cuando el profesorado transmite esa seguridad y confianza a sus escolares. Formemos nuevas generaciones con capacidad de tomar decisiones, seguros de sí mismos, creativos, conscientes, con actitud y compromiso ante los retos que enfrenten a futuro.


La baja autoestima desarrolla angustia, ansiedad, indecisión y vergüenza, que lejos de ayudar a alcanzar nuestras metas en clase, nos deja estancados a esos alumnos. Valoremos cada esfuerzo, enseñemos la importancia de relacionarse con los demás de manera asertiva, enfaticemos en sus actitudes tanto como en los conocimientos que van adquiriendo, incentivémoslos a seguir aprendiendo y mejorando, eliminemos las críticas negativas hacia ellos para que logren canalizar esas críticas para sí mismos, identifiquemos sus logros y hagámoslos presentes.

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